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Paul Hernandez Dani Rios Aguirre ♥♥♥♥¿Te quiero más que a mi vida? Las pelis de final feliz que nos hemos "tragao"

Esta tarde estaba recorriendo los pasillos de un supermercado cuando en el hilo musical escuché una canción romanticona que decía "Tú llegaste a mi vida para enseñarme, tú, supiste encenderme y luego apagarme, tú, te hiciste indispensable para mi y... con los ojos cerrados te seguí..."

Camila. Mientes.

Aunque no la traigo aquí para hacer una crítica de la canción, me recordó que tenía abandonado el blog desde que os prometí hablar del amor... y me ha parecido un ejemplo actual sobre cómo la idea de que existe una persona en el mundo indispensable e irrenunciable, que viene para salvarte de la "inmundicia", enseñarte el mundo y ser lo único en tu vida, no es algo de hace siglos, precisamente. Igual que tampoco está pasada de moda la frustración y el dolor cuando te das cuenta de que esa persona a quien pusiste en el pedestal más alto del mundo mundial, no era lo único en el universo, te hizo un daño que casi ni quieres recordar, y se te cayó en trozos, junto con el resto de los sueños que pusiste en ello.

Una canción más clásica (esta sí de hace unos añicos), nos cantaba con pasión "Te quiero más que a mi vida, más que al aire que respiro... eres mi vida y mi muerte, no debía de quererte, y sin embargo, te quiero". De hace unos años, decía, pero sus mensajes pueden parecer sacados de la más rabiosa actualidad de nuestras vidas. Para muestra de este pack amor-dolor, unas imágenes:

El amor es como una pelea. Ganes o pierdas duele.

No debería amarte... pero lo hago.

Solo quiero que tú seas el único propietario, quiero darte todo, tu ausencia me mata.

Sin ti me muero. Sin ti no soy nada. No quiero vivir si no estás a mi lado. Sólo me importa que tú me quieras. Soy tuya. Si te pierdo no quiero vivir en este mundo... y muchas más frases, parecen sacadas de una película romántica, pero las comparten personas reales de carne y hueso en las redes sociales (un dato: la página de Facebook "Te quiero más que a mi vida" tiene más de 13.000 fans).... pero además de en sus mensajes cotidianos, también están insertas en su "chip mental" o ideal de amor, y alguna que otra vez, éstas pueden ser buenas razones para crear confusiones o amores ciegos.

Y hablando de películas románticas, según nos dice la industria de Hollywood, las chicas las vemos con un bol enorme de helado de chocolate (o palomitas, en su defecto) y dos paquetes de kleenex al lado para llorar cuando nuestro novio nos deja. Y... ya sabemos, no hay nada mejor que hacer cuando tu novio te deja que sentir que a ti se te ha acabado la vida y hartarte de ver cómo Meg Ryan encuentra al amor de la suya, Bridget Jones elige entre el malote o el bueno, o el prota duro y rebelde de turno tipo Mario Casas se pasa dos horas de película en una historia de ida y venida "no sé si quiero a esta o a esta otra", para darse cuenta, al final del todo, de quién es la mujer que siempre había estado buscando detrás de esa apariencia de tío-duro-sin-sentimientos. Sin sentimientos él, porque en ese punto de la historia, tú ya te has convertido en una cebolla y tu sofá en un charco de lagrimones. Todo esto, según nos dice Hollywood, claro ;)

Kit Básico para superar una frustración:  manta, lágrimas, peli de amor y helado de chocolate con cuchara sopera.

Pero los mensajes sobre el amor ideal y conflictivo (pero que termina bien) están en todo tipo de pelis, no sólo en las pastelosas. Todos los héroes tienen una musa o mujer a la que aman, y que además, "tienen que salvar una y otra vez de todos los problemas" (porque ya sabemos que nosotras, nos metemos siempre en líos y necesitamos que nos salven...) y en película de acción que se precie, ha de ocurrir algún romancillo de por medio, si no, no tiene miga la acción. Da lo mismo que sus protagonistas sean piratas en el caribe, que aquel muchachito que vive una aventura rodeado de Transformers, para volver en la última escena con su novieta de morros sensuales y así hay finalfeliz+beso, o que sean Mr & Ms Smith, una pareja de espías, que se pasan toda la peli intentando matarse... para después descubrir que se querían.

Ay, el amor. El amor, lo puede todo, el amor mueve montañas, nos han dicho siempre.

El amor, da igual cómo, aparecerá algún día en tu vida y lo resolverá todo... o al menos lo recordarás eternamente, como la protagonista de Titanic, por ejemplo. ¿Nos hemos dado cuenta que toda la historia de la película de Titanic, romántica por antonomasia... ocurre... en una sola noche? ¡Una puñetera noche!. Vale que la escena de la mano marcada en el cristal del coche lleno de vaho, sexo y tensión, nos hizo estremecer, pero no deja de ser un rollo de una noche. Y con una sola bastaba para recordarle siempre... como su único y verdadero amor. Igual Jack era un gilipollas, pero a ella no le dio tiempo a saberlo: siempre le guardaría en lo más profundo de su corazón (aissss)

Titanic: el amor eterno más corto de la historia.

No busquemos razones al corazón, nos dicen, ¡es AMOR!

Y así, aunque a veces en las comedias las tías sean estúpidas rubias histéricas, y a ellos nos los presenten en dos únicos modos: versión salidos o versión pagafantas, todo el mundo tiene un hueco para el amor ideal en el mundo del celuloide... hasta el duro Bruce Willis (que hace a las piedras parecer "blandiblu") sabe, en el último momento de su aventura, que el "quinto elemento", el más poderoso de todos, el único que salva definitivamente el mundo... es EL AMOR.

El imperturbable Bruce Willis encontrando el quinto elemento en el universo. Y no era lo buena que estaba la Jovovich. Era, por supuesto, el amor.

En fin, que algunos guiones cinematográficos se empeñan en presentar el amor como algo irremediable, que no podemos evitar, por el que dar la vida entera.

Y no seré yo la que dé lecciones de guión, cine, ni de amor (que de esto último no sé si alguien deba darlas), ni recomendar dejar de ver películas (yo misma, no lo dejaría, con lo que me gusta).

El problema no está en ver historias ficticias tras la pantalla de ilusión y finales apoteósicos, sino en que algunas personas se empeñen en vivir una historia de "amor de cine", exponiéndose sin límites a esa idea de amor que todo lo puede y supera cualquier obstáculo, pero en la vida real, la de verdad: donde no hay protecciones, maquillajes, ni guiones escritos, a "tres metros sobre el cielo" no podrías vivir, y las balas matan.

¿Has amado alguna vez a alguien hasta llegar a sentir que ya no existes?,  ¿hasta el punto en el que ya no te importa lo que pase?,  ¿hasta el punto en el que estar con él ya es suficiente,  cuando te mira y tu corazón se detiene por un instante?.  Yo sí...” (El diario de Noa).

¿Qué tiene de malo sentir que el amor te invada? Se preguntará alguien. Sentir amor nos hace humanos y sensibles, y estoy de acuerdo. Pero sentir amor quizá no pueda ser suficiente para todo. Quizá no pueda ser la respuesta para cualquier cosa, o no supere cualquier daño, sacrificio, dolor. Aunque a veces sintamos que el amor nos da la vida, no podemos dejar de respirar, por mucho creer que nos de vida. Lo cierto es, que si dejamos de respirar, nos ahogamos. Y ahí es cuando la historia de amor bella, perfecta y maravillosa que nos hemos creído, tiene un final que no esperábamos.

Ahí es cuando viene la frustración, los sueños rotos en mil pedazos, las desilusiones, las llamadas y las esperas, los intentos, las pesadillas, el sentir que se ha acabado el mundo.

Y ahí es cuando empiezas a plantearte si ese ideal de amor que estabas buscando, es posible. Si esa persona con la que soñabas puede ser real, o no existe. Si te confundiste y viste cosas... que nunca existieron en realidad. Si igual estás mejor sin esa persona.

Y aunque Hollywood se empeñe en reflejar que los tíos son muy duros, a ellos... también les pasa. Muchos guardan ideales del amor y se pasan la vida buscando la pareja perfecta... sin encontrarla. Y... ¿quién escapa a esa lucha que a veces se lleva nuestra cabeza y nuestro corazón? En eso, cualquiera puede perder, elegir enamorarse de algo que no es real, y que tenga que ganar la batalla la cabeza y no te quede otra que aceptar el fin del combate. ¿Cómo le/la dejo de querer? Nos preguntamos

La eterna lucha... ¿quién ganará?

Pero a ti que eres chica, hay un elemento que te pesa aún más. Se llama soledad. Es esa maldita idea que tienes en la cabeza de que sin un chico al lado no eres nada, porque toda chica necesita pareja. Que si no te quieren, es porque no vales lo suficiente. Que si no consigues pareja es porque tienes algún defecto. Y te repites la frase "estoy sola" con tanta frecuencia, que te pesa como una losa encima, con todas sus letras. S.o.l.a. La S te marea y no te deja pensar en nada más que buscar a alguien, donde sea. La o te encierra en la tristeza de tu habitación. La l te hace caer en brazos del primero que encuentras, y la a te termina rodeando y engañando de nuevo. Y es que a veces, por no estar solas, terminamos repitiendo historias negativas, cayendo en la miiisma historia de dolor una y otra vez.

Quizá podemos hacer algo por evitar engancharnos en un mal amor, repensándonos las ideas que tenemos sobre el amor: qué buscamos, qué necesitamos... y si eso que necesitamos o queremos, está a nuestro alcance, o es una cúspide "de película".

Si alguien te hace daño, si tu amor te duele tanto, si sientes que te mueres... quizá te estás empeñando en vivir una historia ideal de subidones emocionales que al final te van a terminar dejando pal arrastre. Si te empeñas en soñar con un amor perfecto, y encontrar un cielo lleno de corazones, a un héroe salvador, o a una bella princesa maravillosa que nunca tenga un sólo error... Es probable que algún día te caigas de esa nube de algodones que estás creando en la imaginación y no tengas a mano un botiquín de auxilios. Y para cuando te caigas, quizá te venga bien repensarte algunas cosas sobre tu idea del amor.

Ilustración de Lyona

Sobre esto, y sobre cómo construir nuevos modelos de amor, nuevos mensajes que nos emocionen sin necesidad de morir, estuve pensando para un evento en el que participé en Santiago de Compostela en el mes de marzo (*) y seguí dándole vueltas cuando mi bloggeramiga June (marikazetari), se preguntaba si hay otra forma de enamorarse y de amar, que no sea la de este modelo tradicional de sufrimiento. Y aunque no quiero inventar un modelo de referencia, esta duda me anima a lanzar algunas preguntas, por si quieres encontrarle tus propias respuestas.

¿Te vas a empeñar en buscar a una persona ideal, tal y como un sueño? ¿Necesitas a alguien que llegue a tu vida para arreglarla? ¿Vas a lanzarte con ojos cerrados al dolor? ¿Necesitas tener alguien al lado, aunque sea a ratos mal, para sentirte "algo"? ¿Necesitas renunciar a todo por amor? ¿Vas a vivir tu vida centrada en otra persona?

Yo personalmente creo  que querer a alguien no tiene por qué implicar renunciar a todo,  olvidarme de mí misma,  no valorarme si no estoy con alguien,  pensar que mi pareja es lo primero… y yo lo último.

Que no es imposible querer a alguien y quererme a la vez.

Y que lo peor que puedo hacer en mi historia es olvidarme de mí,  la persona con la que pasaré toda la película del principio al fin,  porque, incluso aunque tenga acompañante,  la "prota" de mi vida, soy yo.

Continuará.


(* Nota para el personal profesional interesado, próximamente, cuando acabe la reforma de mi espacio en la que estoy metida, prometo materiales, ponencias y presentaciones. Gracias por la espera)

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